DGP-A: lo que realmente muestra el análisis genético de embriones antes de la transferencia

En julio de 1990, en el hospital Hammersmith de Londres ocurrió algo que cambiaría para siempre la medicina reproductiva, y que, casi de pasada, influyó en una votación parlamentaria. Un equipo dirigido por Alan Handyside y Robert Winston anunció el primer embarazo del mundo logrado tras analizar genéticamente un embrión antes de transferirlo. Dos parejas tenían un riesgo elevado de transmitir a sus hijos enfermedades hereditarias ligadas al cromosoma X: los embriólogos extrajeron una célula de embriones en fase de 6 a 8 células, determinaron su sexo mediante PCR y transfirieron solo los embriones sin riesgo de enfermedad. La noticia del embarazo llegó apenas cinco días antes de una votación decisiva en el Parlamento británico sobre la ley de investigación con embriones humanos, y, según numerosos testimonios de la época, ayudó a hacer cambiar de opinión a diputados que se inclinaban hacia una prohibición total.

Desde entonces, el método, al principio llamado diagnóstico genético preimplantacional y hoy conocido de forma más amplia como test genético preimplantacional (DGP), ha recorrido un largo camino. Al principio solo permitía buscar una mutación concreta y ya conocida. Pero bastante rápido, los especialistas en fertilidad se hicieron una pregunta lógica: ¿y si, en lugar de un solo gen, se examinara todo el conjunto de cromosomas del embrión? De esa pregunta surgió el DGP-A: el cribado de aneuploidías, es decir, de cromosomas de más o de menos.

§ 01

Tres siglas tras DGP: A, M y SR

Bajo el término general DGP se esconden en realidad varios test bastante distintos, y esa confusión terminológica es una de las principales razones por las que tanta gente busca aclaraciones. El DGP-M (monogénico) comprueba si el embrión tiene una mutación concreta y ya conocida en un único gen: fibrosis quística, enfermedad de Huntington, o una mutación BRCA ya identificada en la familia, por ejemplo. El DGP-SR (reordenamientos estructurales) busca reorganizaciones cromosómicas —translocaciones e inversiones— en parejas en las que uno de los miembros es portador de un reordenamiento equilibrado. El DGP-A (aneuploidía) comprueba el número total de cromosomas del embrión: en lugar de los 46 cromosomas esperados, repartidos en 23 pares, el embrión puede tener una copia de más o de menos en alguno de ellos.

Esos cromosomas de más o de menos son, con diferencia, la causa genética más frecuente de que un embrión no se implante, de que un embarazo termine de forma temprana, o de que nazca un niño con síndromes como el de Down (trisomía del cromosoma 21). La proporción de embriones aneuploides aumenta de forma muy marcada con la edad materna: en mujeres menores de 35 años, aproximadamente uno de cada tres embriones resulta anormal; a partir de los 40, esa cifra supera la mitad.

§ 02

Cómo se obtiene la muestra

En los primeros protocolos de los años noventa, la biopsia se hacía al tercer día de desarrollo, cuando el embrión tiene solo entre 6 y 8 células: se extraían una o dos, una operación bastante delicada para una estructura tan frágil. El estándar actual es la biopsia de trofoectodermo entre el quinto y el sexto día, cuando el embrión alcanza la fase de blastocisto y ya cuenta con cien células o más. En esa fase se pueden extraer con seguridad varias células de la capa externa, el trofoectodermo, que más adelante formará la placenta y no el feto en sí, lo que reduce notablemente el riesgo para el embrión y mejora la precisión del análisis.

§ 03

De la FISH a la secuenciación: la evolución de la tecnología

La primera generación de test sobre anomalías cromosómicas usaba la técnica FISH (hibridación fluorescente in situ), que solo permitía comprobar unos pocos cromosomas a la vez, normalmente entre cinco y nueve de los veintitrés pares. Eso significaba que parte de las anomalías sencillamente pasaban desapercibidas. En la década de 2000 llegó la hibridación genómica comparativa (array CGH), que por primera vez permitió revisar los 23 pares de cromosomas de una sola vez. Y desde principios de la década de 2010, la secuenciación de nueva generación (NGS) se ha convertido en el estándar de oro: cubre todo el conjunto de cromosomas y, además, puede detectar alteraciones más sutiles, como el mosaicismo, cuando un mismo embrión contiene a la vez células normales y anómalas.

§ 04

A quién suele recomendarse el DGP-A

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El gran debate: ¿el DGP-A aumenta realmente las posibilidades de tener un hijo?

Aquí empieza la parte más interesante de la historia, y también la menos clara. Durante mucho tiempo, el DGP-A se promocionó con la promesa de que seleccionar embriones «genéticamente normales» aumentaría automáticamente el porcentaje de transferencias exitosas y la probabilidad de tener un hijo sano. Sin embargo, grandes ensayos aleatorizados de los últimos años, entre ellos el conocido ensayo STAR, no lo han confirmado de forma general: en pacientes jóvenes con buen pronóstico, la tasa acumulada de nacidos vivos por ciclo de FIV iniciado resultó bastante similar con o sin DGP-A.

Los embriones en mosaico añaden una complicación más. Antes se descartaban automáticamente por considerarse anómalos, pero los datos acumulados muestran que una parte de ellos, al transferirse, da lugar a niños completamente sanos: las células anómalas a veces se «depuran» por sí solas a medida que avanza el desarrollo. Por eso, las principales sociedades científicas de medicina reproductiva, entre ellas la ESHRE europea, recomiendan ahora no descartar automáticamente los embriones en mosaico, sino valorar cada caso de forma individual, y, en general, no ofrecer el DGP-A de manera rutinaria a todas las pacientes sin distinción.

Esto no significa que el método sea inútil: para los grupos de pacientes mencionados arriba, la evidencia de beneficio es mucho más sólida. Pero la decisión de hacerse el DGP-A conviene tomarla junto con un médico, valorando la propia situación clínica y no las promesas comerciales generales de una clínica.

§ 06

DGP-A y programas de donación: dónde resulta especialmente útil

Para quienes usan MAPASGEN, el DGP-A suele surgir en tres contextos habituales. En primer lugar, con ovocitos donados: una donante joven y sana reduce estadísticamente el riesgo de aneuploidía, y eso es cierto, pero incluso en donantes de 22 a 28 años una parte de los embriones presenta igualmente un cromosoma de más o de menos, por lo que las clínicas suelen ofrecer el DGP-A como filtro adicional antes de la transferencia, sobre todo cuando solo hay una oportunidad con un número limitado de embriones.

En segundo lugar, al planificar una transferencia de un solo embrión, por ejemplo cuando una pareja o una madre o padre solo elige deliberadamente transferir uno en lugar de dos, precisamente para evitar los riesgos de un embarazo múltiple. En esa situación, el test ayuda a elegir, entre varios embriones, el que tiene estadísticamente más probabilidades de implantarse, reduciendo así ciclos de espera innecesarios.

En tercer lugar, el DGP-A se plantea en parejas donde uno de los miembros es portador de un reordenamiento cromosómico equilibrado: en sentido estricto, ahí correspondería más bien el DGP-SR, pero muchos laboratorios combinan hoy ambos análisis en un solo panel, ya que la tecnología NGS permite obtener esta información cromosómica ampliada a partir de una sola biopsia, sin necesidad de intervenir más en el embrión.

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Lo más importante para recordar

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Acceso al DGP-A en distintos países

A diferencia del test de reserva ovárica, el estatus legal del DGP-A ya no es solo una cuestión médica, sino también política: los países adoptan posturas muy distintas frente a la idea de seleccionar embriones según su dotación cromosómica, y la regulación varía mucho.

PaísEstado del DGP-A (cribado de aneuploidías)Particularidad
EspañaPermitidoUno de los mayores mercados de DGP-A de Europa
Reino UnidoPermitidoRegulado por la HFEA, disponible en la mayoría de clínicas de FIV
GreciaPermitidoDestino popular para FIV combinada con cribado genético
AlemaniaProhibidoLas pacientes viajan a la República Checa o España para hacerse el DGP-A
FranciaProhibido (el DGP-M para una enfermedad concreta ya conocida es posible por indicación médica)Controlado estrictamente a través de centros especializados de diagnóstico prenatal
DinamarcaRestringidoPostura históricamente cautelosa, regulación revisada periódicamente
PortugalPermitido por indicación médicaSe usa junto con otros protocolos de FIV
República ChecaPermitidoDestino popular para pacientes extranjeras
IsraelPermitidoMuy utilizado junto con otros métodos de cribado genético
BrasilPermitidoRegulado por el consejo profesional de medicina reproductiva
ChiprePermitidoA menudo combinado con precios de FIV competitivos
UcraniaPermitidoAmpliamente disponible dentro de los protocolos estándar de FIV

Alemania y Francia siguen entre los países con restricciones más estrictas: en Alemania el DGP-A está totalmente prohibido, mientras que Francia solo permite comprobar una enfermedad concreta y ya conocida en parejas con antecedentes hereditarios graves, es decir, el DGP-M, no el cribado rutinario de aneuploidías. Esta es una de las razones por las que pacientes alemanas y francesas suelen optar por clínicas en España o la República Checa, donde el DGP-A es una opción estándar y accesible. España, el Reino Unido y Grecia, en cambio, se encuentran entre los países con la regulación más abierta y la infraestructura más desarrollada para el cribado genético de embriones.

Aun así, conviene tener presente que, incluso donde el DGP-A es legal y técnicamente accesible, las principales sociedades médicas piden cada vez más un uso selectivo en lugar de generalizado, y no una opción por defecto en cada ciclo de FIV. El camino desde aquella primera biopsia de embrión en 1990 hasta el debate actual sobre la utilidad real del cribado cromosómico completo no es solo una historia tecnológica, sino también la de la madurez ética de la medicina reproductiva: cada nueva generación del método obliga a responder de nuevo a la misma pregunta de fondo: qué información sobre un embrión ayuda realmente a los padres a tomar una decisión con sentido, y cuál solo ofrece una ilusión de control donde la biología sigue dejando margen para la incertidumbre.

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