En 1776, el naturalista italiano Lazzaro Spallanzani —conocido hoy sobre todo por refutar la teoría de la generación espontánea— llevaba a cabo uno de sus muchos experimentos: enfriaba semen con nieve y observaba que, a bajas temperaturas, las células perdían su movilidad. Spallanzani no tenía idea de que estaba presenciando los primeros pasos de la criobiología, la ciencia de cómo sobreviven las células vivas a la congelación. Pasarían casi doscientos años más antes de que esa observación se convirtiera en una tecnología funcional.
El avance decisivo llegó casi por casualidad. En 1949, los investigadores británicos Christopher Polge, Audrey Smith y Alan Parkes descubrieron las propiedades protectoras del glicerol al congelar semen de aves: una auténtica casualidad, un efecto secundario inesperado de un experimento con una sustancia completamente distinta. Cuatro años después, en 1953, el investigador estadounidense Jerome Sherman y su colega Raymond Bunge lograron el primer embarazo humano exitoso usando semen previamente congelado, conservado en hielo seco con glicerol como agente protector. En 1963 ya se sabía conservar semen en nitrógeno líquido durante décadas, y la idea de un banco de semen de donante dejó de ser ciencia ficción.
Pero el verdadero centro de esta historia no resultó ser Estados Unidos, sino un pequeño país escandinavo. En 1981, un danés llamado Ole Schou tuvo un sueño extraño sobre semen congelado; según sus propias palabras, ese sueño fue lo que lo impulsó a investigar el tema. Años después fundó la empresa Cryos, que hoy suministra semen de donante a más de cien países del mundo y está reconocida oficialmente como el banco de semen más grande del planeta. Dinamarca, un país de poco menos de seis millones de habitantes, se convirtió, en términos per cápita, en el mayor «exportador» de semen de donante del mundo.
Aquí se combinaron varios factores. La legislación danesa sobre la donación de semen es una de las más liberales de Europa y, al mismo tiempo, una de las más detalladas: el país permite tanto la donación anónima como la identificable, regula con claridad cuántas familias puede atender un mismo donante y exige un examen médico exhaustivo de cada candidato. A esto se suma una logística bien desarrollada para muestras congeladas, personal que habla inglés y décadas de reputación acumulada, lo que explica por qué los bancos de semen escandinavos, sobre todo el danés Cryos y el European Sperm Bank, se convirtieron en la referencia para las clínicas de fertilidad de todo el mundo.
Una de las grandes preguntas que se plantean los futuros padres al elegir un donante es si el hijo podrá conocer en el futuro la identidad del donante. Los bancos de semen escandinavos suelen ofrecer dos tipos de donante. Un donante identificable (ID Release) acepta que, al cumplir 18 años, el hijo concebido con su material pueda solicitar y obtener sus datos de contacto a través del banco de semen. Un donante anónimo (Non-ID Release) no da ese consentimiento, y su identidad permanece protegida en todas las fases. En los últimos años, la proporción de padres que eligen deliberadamente donantes identificables ha aumentado de forma notable, en parte porque las pruebas de ADN comerciales hacen ya realmente posible que un hijo adulto encuentre familiares biológicos incluso cuando el donante fuera formalmente anónimo.
Es uno de los temores más habituales en torno a la donación de semen, y una de las razones por las que la regulación escandinava se considera un modelo a seguir. Dinamarca limita por ley el número de familias (no solo de hijos) a las que puede destinarse el material de un mismo donante, y los grandes bancos de semen, además, hacen un seguimiento de las estadísticas globales de uso de cada donante, incluidas las ventas internacionales, para no superar esos límites. Esto reduce el riesgo de parentesco accidental entre hijos de un mismo donante que crecen en países distintos sin saber de la existencia del otro.
El tema cobró especial notoriedad por varios casos muy comentados en los que un mismo donante, trabajando a través de numerosas clínicas en distintos países, resultó tener muchos más descendientes de los previstos inicialmente; precisamente esos casos empujaron a los bancos escandinavos a implantar un seguimiento centralizado a nivel de empresa, en lugar de depender únicamente de los registros de cada clínica por separado. Hoy, los grandes bancos publican abiertamente su política de límites y la actualizan conforme crece la demanda, y algunos países, entre ellos Dinamarca, están estudiando nuevas reformas legales para registrar de forma uniforme el uso de un donante en todos los países a los que se envía su material, y no solo dentro del país de origen del donante.
Un candidato a donante de semen pasa por un estudio médico ampliado: un chequeo general de salud, un análisis de semen detallado (tratamos en detalle los criterios de un seminograma normal en el artículo sobre el síndrome OAT), cribado genético de portador para enfermedades hereditarias frecuentes, pruebas de infecciones de transmisión sexual y, por lo general, una evaluación de los antecedentes médicos familiares de dos o tres generaciones. Una entrevista psicológica valora la motivación y el grado de reflexión de la decisión. De todos los aspirantes, los grandes bancos escandinavos terminan aceptando, según distintas estimaciones, no más del 5–10 % de los candidatos: la competencia por un lugar en el catálogo de donantes es mayor de lo que parece a primera vista.
Es importante entender que el hecho de que la donación sea legal en Dinamarca no significa automáticamente que usar ese semen sea legal en cualquier otro país. Algunos países solo permiten la importación de donantes identificables (es el enfoque que adoptó Alemania tras su reforma de 2018), y otros prácticamente no permiten ninguna importación comercial de semen de donante. Por eso, el primer paso para cualquier pareja o mujer sola que se plantee un donante escandinavo es comprobar las normas vigentes precisamente en el país donde se realizará la inseminación o la transferencia de embriones, y no solo en el país del banco de semen.
Los bancos de semen escandinavos modernos funcionan con un modelo parecido a un catálogo en línea: tras registrarse, el usuario accede a los perfiles de los donantes, con fotos de la infancia (la foto del donante adulto no suele revelarse ni siquiera en la donación identificable), descripciones detalladas del aspecto físico, formación y aficiones, resultados de un cribado genético ampliado y, en ocasiones, hasta una grabación de voz. Los filtros permiten buscar por altura, color de ojos y cabello, grupo sanguíneo, origen étnico y estatus de identificabilidad. La muestra elegida se congela en pajuelas especiales, se empaqueta en un contenedor criogénico con nitrógeno líquido capaz de mantener la temperatura varios días sin recarga, y se envía mediante mensajería internacional directamente a la clínica donde la paciente se someterá a la inseminación o a la FIV, o, en algunos países, para una inseminación en casa.
Para quienes usan MAPASGEN y se plantean la coparentalidad, la concepción con donante dentro de una pareja o la maternidad en solitario por elección, los bancos escandinavos suelen convertirse en un punto de partida natural precisamente por la transparencia de este proceso: se puede ver de antemano cuánta información hay disponible sobre un donante, comparar bancos según sus políticas de divulgación y comentar con calma con la pareja o la clínica qué tipo de donante encaja realmente con la propia situación, antes de pasar a los trámites legales y médicos en el propio país.
| País de la receptora | ¿Se puede usar semen de donante escandinavo? | Particularidad |
|---|---|---|
| Reino Unido | Sí, a través de una clínica autorizada | El regulador HFEA exige el registro de las muestras importadas |
| España | Sí | A menudo se combina con donación de óvulos local |
| Alemania | Sí, pero solo de donantes identificables | Existe un registro nacional de donantes de semen desde la reforma de 2018 |
| Francia | Limitado | Por regla general no se permite la importación comercial de semen de donante |
| Portugal | Sí | Disponible a través de clínicas que trabajan con bancos internacionales |
| República Checa | Sí | Combina bien con el coste accesible del propio ciclo de FIV/IIU |
| Israel | Sí, con control regulatorio adicional | El Ministerio de Salud revisa cada lote de muestras por separado |
| Brasil | Sí | Las importaciones están reguladas por la agencia sanitaria ANVISA |
| Grecia | Sí | El anonimato del donante está protegido por ley |
| Chipre | Sí | Uno de los bancos propios de Cryos International está ubicado en la isla |
| Ucrania | Sí | Se utiliza como complemento a los programas de donación locales |
Desde el experimento con nieve de Spallanzani en el siglo XVIII hasta los catálogos actuales con decenas de detalles sobre cada donante han pasado casi dos siglos y medio, y casi todo ese avance ha ocurrido solo en los últimos setenta años. Dinamarca, un pequeño país del norte de Europa, resultó ser justo el lugar donde la oportunidad científica, una regulación sensata y la iniciativa empresarial se combinaron para convertir una tecnología médica de nicho en una infraestructura que hoy usan familias en todos los continentes. Para quienes consideran el semen de donante como parte de su camino hacia la paternidad o la maternidad, esto es una buena noticia: el sistema está realmente bien construido; solo queda averiguar cómo se aplica exactamente en el propio país.