Hoy en día hay varios miles de millones de partidas de nacimiento digitalizadas y de acceso libre en todo el mundo, y el problema de quien empieza a investigar rara vez es que el acta no exista, sino que ha buscado en el lugar equivocado. Esta guía es un mapa de las principales bases de datos, gratuitas y de pago, y una estrategia de búsqueda que sigue funcionando incluso después de que el primer, el segundo y el tercer intento hayan resultado infructuosos.
Una «partida de nacimiento» no es un único documento, sino toda una familia de documentos, y cuál de ellos existe para un antepasado concreto depende del país, la época y la religión. Antes de que los Estados llevaran sus propios registros, esa función la cumplía casi en todas partes la Iglesia: un bautismo se anotaba en el libro parroquial, no en una partida de nacimiento propiamente dicha, y entre el nacimiento real y la fecha del registro podían pasar desde unos días hasta varias semanas.
El paso al registro estatal se produjo en momentos distintos según el país: en Francia, en 1792; en Inglaterra y Gales, a partir del 1 de julio de 1837; en Alemania, desde 1875, en el marco de la unificación del imperio; en el Imperio ruso nunca existió un equivalente laico, y los libros parroquiales de las iglesias de todas las confesiones siguieron siendo la única forma de registro hasta 1917, cuando el poder soviético creó las oficinas del Registro Civil (ZAGS). Antes de abrir un motor de búsqueda, conviene averiguar qué sistema estaba vigente en el lugar y el año correspondientes; eso por sí solo determina en qué archivo o base de datos tiene sentido buscar.
FamilySearch.org es la mayor base de datos genealógica gratuita del mundo, y tiene una historia poco habitual: el proyecto se puso en marcha en 1894 como Genealogical Society of Utah, fundada por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones), para quienes el bautismo póstumo de los antepasados es una práctica religiosa importante que requiere un conocimiento preciso de las líneas familiares. Los microfilmes con registros que la Iglesia recopiló durante décadas en todo el mundo siguen guardados en el Granite Mountain Records Vault, una bóveda excavada en 1965 en una montaña de granito del cañón de Little Cottonwood, en Utah, y diseñada para resistir una explosión nuclear. Hoy, la mayor parte de ese archivo está digitalizada y es de acceso libre, sin necesidad de compartir las creencias religiosas de la organización.
Ancestry.com, MyHeritage y Findmypast son las tres plataformas de pago más grandes, y cada una tiene su propia especialidad geográfica, definida históricamente por los archivos que digitalizó primero.
Antes de contratar una suscripción anual, conviene comprobar si la biblioteca pública local ofrece acceso gratuito a Ancestry Library Edition: muchas bibliotecas en Estados Unidos, el Reino Unido y otros países dan este acceso a sus usuarios desde casa, con las credenciales de la biblioteca.
Ni mucho menos todo está digitalizado: según distintas estimaciones, incluso en países con buenos recursos, la proporción de fondos de archivo convertidos a formato digital rara vez supera unas pocas decenas de por ciento del volumen total. Si un acta no aparece en las grandes bases de datos, eso no significa que no exista, sino que normalmente todavía no se ha escaneado.
Buscar al azar en distintos sitios hace perder más tiempo que un enfoque sistemático seguido en el orden correcto.
Paso 1. Anote todo lo que ya se sabe con certeza
Nombre completo, año de nacimiento aproximado, lugar (al menos el país y la región), nombres de los padres si se conocen. Cuanto más precisos sean estos datos, menos coincidencias irrelevantes habrá que revisar.
Paso 2. Empiece por los índices gratuitos, no por las imágenes
Un índice es una tabla de nombres y fechas sin la página escaneada; casi siempre se digitaliza antes y abarca más actas que las imágenes de los propios documentos. Al encontrar la línea correcta en el índice, se obtiene el número exacto de expediente, libro o parroquia, con el que ya se puede buscar la imagen concreta o solicitar una copia.
Paso 3. Amplíe las variantes de escritura del nombre
Los apellidos se distorsionaron sistemáticamente al cruzar fronteras y generaciones: los funcionarios de inmigración anotaban los nombres de oído, en un idioma que les resultaba ajeno, y a menudo simplificaban o «traducían» el apellido a su manera. Conviene comprobar las variantes fonéticas, las transliteraciones inversas y las formas abreviadas del nombre.
Paso 4. Revise las unidades administrativas vecinas
Los límites de parroquias, condados y provincias se redibujaron en repetidas ocasiones, sobre todo en Europa del Este durante los siglos XIX y XX. Una localidad que hoy pertenece formalmente a una región podía, en el año de nacimiento del antepasado, depender administrativamente de una parroquia o un condado completamente distinto, y precisamente ahí puede estar el acta que se busca.
Paso 5. Contacte directamente con el archivo si la búsqueda en línea no da resultado
Muchos archivos, sobre todo en Europa del Este, todavía no han digitalizado ni siquiera sus propios catálogos internos: un empleado del archivo a menudo puede localizar un acta en media hora, en un inventario que los motores de búsqueda en línea simplemente no ven.
Las actas se han perdido y destruido a lo largo de los siglos: por incendios, por guerras, por simple descuido en su conservación. Si no se encuentra una prueba directa del nacimiento, varias categorías de documentos suelen contener la misma información de forma indirecta.
Antes de abrir otro sitio web más, conviene repasar una lista breve: ahorra horas de deambular entre resultados irrelevantes.
Apenas algo más de dos siglos separan el decreto de 1792, que arrebató a la Iglesia su monopolio sobre el registro de los nacimientos, de los servidores que hoy albergan miles de millones de páginas escaneadas; pero la lógica de la búsqueda no ha cambiado: un acta existe allí donde se creó, y la tarea de quien investiga es identificar ese lugar, no ir haciendo clic en páginas web al azar. La mayoría de los callejones sin salida en la investigación genealógica tienen solución; la mayoría de las veces, esa solución no está en una base de datos nueva, sino en una pregunta más precisa dirigida a las que ya existen.