La esencia del método es sencilla: un óvulo y un espermatozoide se combinan en el laboratorio, el embrión resultante se cultiva durante varios días en una incubadora y luego se transfiere al útero de quien, entre los co-padres, vaya a llevar el embarazo, o al útero de una gestante subrogada. Para los co-padres, la FIV resulta especialmente conveniente por una razón concreta: separa por completo la concepción de la intimidad física, que este tipo de acuerdos normalmente no implican ni requieren. Todo el proceso —desde la primera consulta hasta la confirmación del embarazo— se desarrolla bajo supervisión médica, y no queda al azar.
La FIV no es la única forma de concepción para los co-padres, pero es la que se elige con más frecuencia en varias situaciones recurrentes.
A pesar de la variedad de protocolos y clínicas, la mayoría de los co-padres siguen la misma secuencia de pasos, desde la primera visita a la clínica hasta el resultado de un análisis de sangre que lo decide todo.
Paso 1. Consulta inicial (semanas 1-2)
Ambos co-padres acuden juntos a la clínica. En esta etapa se realiza una evaluación básica de fertilidad: para la pareja que aporta los óvulos, un análisis de sangre de AMH (hormona antimülleriana) y un recuento de folículos antrales por ecografía; para la pareja que aporta el semen, un seminograma. Los resultados determinan el protocolo de estimulación y permiten fijar expectativas realistas sobre los plazos.
Paso 2. Estimulación ovárica (semanas 3-5)
La pareja que aporta los óvulos se administra a sí misma inyecciones hormonales diarias durante 10 a 14 días. El crecimiento de los folículos se monitoriza con ecografías y análisis de sangre regulares, ajustando gradualmente la dosis de medicación según la respuesta de los ovarios.
Paso 3. Punción ovárica (semana 5)
Los óvulos maduros se extraen mediante un breve procedimiento quirúrgico bajo sedación, que dura unos 15 a 20 minutos. La mayoría de las mujeres se recuperan el mismo día y pueden volver a casa pocas horas después.
Paso 4. Fecundación y cultivo de embriones
Los óvulos se fecundan en el laboratorio —mediante FIV convencional o ICSI, según la calidad del semen. Tras cinco o seis días, los embriones viables se evalúan según criterios morfológicos y, si es necesario, se les realiza una biopsia para el test genético: se extrae un pequeño grupo de células para el análisis sin dañar el desarrollo posterior del embrión.
Paso 5. Transferencia embrionaria (semanas 6-7)
Se transfiere un embrión al útero ya preparado: el procedimiento dura unos 15 minutos y no requiere anestesia. La transferencia puede realizarse en un ciclo en fresco o, en otras ocasiones, en un ciclo posterior, tras la criopreservación, lo que permite preparar el endometrio con mayor precisión.
Paso 6. Prueba de embarazo (semana 8)
De 10 a 14 días después de la transferencia, un análisis de sangre de beta-hCG confirma si se ha producido la implantación. Si el resultado es positivo, suele programarse una ecografía de control dos o tres semanas más tarde para confirmar la presencia de latido fetal.
La probabilidad de éxito de la FIV depende casi por completo de la edad de la pareja que aporta los óvulos, y no de la edad de quien aporta el semen ni de quien llevará el embarazo, si se trata de personas distintas.
Estas cifras corresponden a la probabilidad de una sola transferencia de embrión, no a la del protocolo completo. Tras varios ciclos y varias transferencias, la probabilidad acumulada de llevarse a un hijo a casa es notablemente mayor, especialmente si en la fase de cultivo se obtienen varios embriones viables para criopreservar.
El coste de un ciclo de FIV sin óvulos de donante varía enormemente según el país, y no siempre se corresponde con la calidad de la atención médica.
República Checa y Grecia llevan tiempo especializándose en el turismo médico precisamente por la combinación de precios accesibles y protocolos modernos: muchas clínicas de estos países atienden a pacientes en inglés y ofrecen paquetes de varios ciclos, lo que reduce el coste de cada intento individual.
Antes de iniciar el protocolo, ambos co-padres firman en la clínica formularios de consentimiento informado: un procedimiento médico estándar que no depende de la naturaleza de la relación entre los integrantes de la pareja. Pero la protección legal de los propios co-padres como futuros progenitores del niño es una cuestión distinta y mucho más compleja, que la clínica no resuelve.
En la mayoría de los países, la persona reconocida automáticamente como progenitor por ley es quien gesta y da a luz físicamente al niño. El segundo co-padre debe establecer sus derechos parentales por separado: mediante adopción, reconocimiento de paternidad, un acuerdo de co-paternidad homologado por un tribunal, u otro mecanismo que varía mucho de un país a otro, y a veces de un estado a otro. Consultar a un abogado de familia antes de iniciar el protocolo, y no después del nacimiento del niño, no es una formalidad: es una forma de evitar que uno de los co-padres acabe siendo, legalmente, un extraño para su propio hijo.
Un acuerdo escrito de co-paternidad —un documento que describe las obligaciones económicas, el calendario de tiempo con el niño, cómo se tomarán las decisiones sobre su crianza y educación, y qué ocurrirá en caso de conflicto entre los co-padres— no sustituye, por sí solo, el establecimiento legal de los derechos parentales. Pero es precisamente lo que ayuda a las partes a acordar de antemano cuestiones que, de otro modo, tendrían que negociar en pleno conflicto.
De un simple acuerdo verbal entre dos personas para criar a un hijo juntas, hasta el protocolo que convierte ese acuerdo en realidad biológica, el camino es más corto de lo que parece: la parte médica se completa en ocho semanas. Lo que suele resultar más difícil es todo lo que ocurre antes y después de ese plazo: encontrar a la pareja adecuada, alinear expectativas y plasmar en términos legales una relación que la ley todavía tiene dificultades para describir.