En los años 70, cuando las tasas de divorcio comenzaron a dispararse en los países occidentales, los psicólogos publicaron investigaciones que predecían una generación de 'hijos del divorcio' con problemas psicológicos generalizados. Cincuenta años después, los resultados resultaron mucho más matizados. Lo que importó fue la calidad de las relaciones entre los adultos, no la estructura familiar.
La conclusión de Susan Golombok tras décadas de investigación: la estructura familiar no es el principal predictor del bienestar psicológico del niño. Lo que importa: la calidad del vínculo con cada progenitor, el nivel de conflicto entre los progenitores y la existencia de un entorno estable y predecible.
La teoría del apego de John Bowlby describe cómo las primeras relaciones con adultos cuidadores forman la base emocional del niño. El niño no necesita un único adulto de apego 'principal'. Necesita previsibilidad, sensibilidad y consistencia por parte de varios adultos cercanos.
'¿Por qué mamá y papá no viven juntos?' Estas preguntas llegarán. La mejor respuesta no es una larga explicación. 'Mamá y papá son amigos que decidieron criarte juntos. Simplemente tenemos dos casas donde te quieren.'
Un niño en una familia coparental no es víctima de circunstancias no convencionales. Es una persona con una experiencia específica que puede convertirse en un recurso. Lo que hace que esa experiencia sea positiva o no no es la estructura. Son las personas que la componen.